miércoles, 5 de agosto de 2015
AITOR CARMONA | MOTIVACIÓN LABORAL
Desde hace bastantes años trabajo en el departamento de formación de una multinacional. Este puesto de trabajo me sirve para observar el comportamiento de las personas y aprender estrategias y herramientas del ámbito laboral.
En esta ocasión deseo compartir una reflexión que asalta mi cabeza muy a menudo, la MOTIVACIÓN LABORAL. Normalmente suelo dar cursos de formación a personas que ingresan en la empresa por primera vez. El caso es que estos individuos en cuestión siempre entran con un perfil bastante común: están contentos, valoran cada gesto de atención que se tiene con ellos, se muestran agradecidos, ofrecen disposición de aprender… En definitiva, tienen ganas, están motivados.
Pero el tiempo pasa y cuando al cabo de uno o dos años, vuelvo a charlar o formar a estas mismas personas, un gran porcentaje de los casos tiene una conducta diferente. Es como si la tristeza se adueñara de ellos, lo que antes era disposición, ahora es apatía. No sé muy bien por qué aunque he desarrollado mi propia teoría que puede aplicarse a una multitud de ámbitos:
– PÉRDIDA DE REFERENCIAS: De dónde vengo y dónde estoy.
Esta teoría dice que las cosas no son ni buenas ni malas por definición, sino por comparación con un estándar. Es decir, Neymar o Bale son dos súper estrellas del mundo del fútbol porque los comparamos con el nivel medio de todos los jugadores, pero si todos fueran como Messi o Cristiano Ronaldo el nivel medio aumentaría y al volver a realizar la comparación Neymar o Bale ya no se les tacharía de genios. Este ejemplo se puede extrapolar a todas las parcelas. Los trabajadores entran a una empresa, normalmente, porque quieren cambiar la situación en la que se encuentran: en paro o en otra empresa que no les satisface, es por eso que están motivados y alegres. Después de un tiempo, las referencias pasadas se pierden y las personas ahora se comparan con otro modelo que les hace entrar en una conducta apática.
Si somos capaces de tener siempre presente los logros obtenidos, así como la fragilidad con la que podemos perderlos, encontraremos un gran motivo para entrar en un estado favorable tanto para nosotros como para las empresas. La motivación es un acto reflexivo, es decir, depende única y exclusivamente de nosotros, aunque bien es cierto que las circunstancias importan demasiado. Es ahí donde entra la labor de la empresa, preocuparse por las necesidades de sus trabajadores.
– BÚSQUEDA DE METAS: Nunca sabré si he llegado si no sé hacia dónde voy.
Si el anterior punto se centraba en recordar nuestro pasado y valorar nuestro presente, éste va encaminado en mirar hacia adelante, hacia el futuro. Si no encontramos razones sólidas por las que hacer algo, será imposible mantener niveles elevados de motivación para seguir. Por eso es imprescindible buscar un objetivo. Éste puede ser material o no: comprarse una casa o un coche con el dinero que gano, o algo más contundente para nuestra mente, ser auténticos profesionales, los mejores en nuestro puesto o un ascenso. Los managers (no me gusta usar la palabra jefe, pienso que está anticuada) tienen un rato muy interesante en este aspecto. Saber reconocer los méritos de cada persona de una forma justa es, probablemente, una viga maestra del management y una de las causas principales de la motivación o desmotivación de los trabajadores. De cualquier modo, la fijación de metas personales nos ayudará a, primero, auto-evaluarnos y conocer en qué grado de competencia nos encontramos y, segundo, facilitar nuestra determinación a la hora de luchar.
AITOR CARMONA
Coach de EL EFECTO GANADOR
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